cont.
Unos golpes en la puerta de su casilla la arrancaron de su embeleso; sobresaltada, miró el reloj que estaba sobre la mesa y murmuró:
___¡La pucha, ya son las diez de la noche!___
Y mientras contestaba con un___¡Ya voy!___ se arrodilló a un costado de la cama, ensuciándose las rodillas con tierra, y sacó de abajo de ella un par de zapatos de altísimos tacos, al incorporarse miró sus piernas y, maldiciéndo, se escupió en las palmas de las manos y frotó el barro de las rodillas hasta hacerlo desaparecer, luego se calzó y salió chuqueando hacia la puerta, sacó la tranca y abrió dejando entrar a una muchacha que estaba vestida casi igual que ella, quien la apuró:
___¡ Dale, Dominga, que ya empezó la milonga! Mirá que las de la otra villa van a llegar antes que nosotras y se van a agarrar los mejores candidatos.